Palabras que vuelan con el viento | Presentación edición 2012

Aunque si uno se fijaba bien, tenía algo especial… Eran las montañas. No eran diferentes, ni resultaban más altas ni más hermosas que otras. Lo que las hacía inigualables eran las palabras. Anidaban en ellas durante el año y se desprendían como cataratas en diciembre. Siempre en la misma época. Sepultaban entonces los tejados y las plataneras. Se metían en las calles, la plaza, las casas, los patios y los zaguanes…

Ese era el secreto del pueblo.

Venían entonces de todas partes a buscarlas. Cruzaban mares, valles y ciudades para encontrarlas. Eran los narradores de historias, las hechiceras del verbo. Eran hombres y mujeres que sabían sazonarlas, darles vida, color, pasión.

Las que quedaban sueltas volvían a las montañas. Allí se refugiaban hasta un próximo diciembre. Esperando saltar, como cascadas de colores, de entre las rocas. Subir por los brezos, enroscarse en los guaydiles, patinar sobre verodes. Llegará otro diciembre, vendrán más hombres y mujeres, reirán más niños. Así son las palabras verdaderas. Así son las palabras que no mienten. Hablan al corazón.

Ernesto Rodríguez Abad

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